FÁBULA DEL LOBO Y LA ABEJA REINA
(Los hechos y acciones aquí relatados pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia)
Érase una vez, una pequeña comunidad de animalitos en una aldea serrana. En ella convivían
muchas especies de noble corazón, en su gran mayoría, adorables. Cada quien, se levantaba
a la luz del alba para ir a trabajar y así poder llevar el alimento a sus cachorros, eran
solidarios unos con otros, colaboraban entre sí para poder salir adelante. Abundaba la paz y
la tranquilidad y todos vivían muy felices y contentos.

Poco a poco y con el paso del tiempo, fueron llegando animalitos de otras aldeas. Algunos, no
tardaron en adaptarse y ser parte de la comunidad. Pero hubo quienes intentaron imponer las
normas y costumbres de su aldea anterior. A pesar de ello, convivían e intentaban llevarse
bien.
Mientras pasaba el tiempo seguían llegando nuevas especies, algunas muy voráces que
venían infiltradas en la vertiginosa llegada de nuevos habitantes. Y la calma, dejó de ser. Y
la paz, poco a poco fue desapareciendo.
Un día, una de las especies voráces (el lobo), decidió que él era el más indicado para
gobernar a la comunidad, y estaba seguro de que lo haría mucho mejor que la abeja reina que
gobernaba actualmente. Entonces, empezó a murmurar por los rincones, a crear rumores
inciertos, a generar conflictos entre los habitantes de la pequeña aldea imponiéndo su
régimen del terror. No tardó en desvaratarse la tranquilidad y todos los animalitos empezaron
a estar disconformes y se empezaran a pelear unos con otros. Les había picado el bichito de
la avaricia, cada uno perseguía fines egoístas y ya no importaba si con tal de conseguirlos,
había que pasar por encima de otros animalitos. Era claro, ya nada era lo mismo. Los
intereses mezquinos se habían llevado el buen criterio y la armonía de la que alguna vez fue
una aldea felíz.
El lobo mentiroso estaba muy contento, porque veía como iba logrando su objetivo, sabía que
si "dividía, reinaría". Tuvo sobrados intentos por derrocar a la abeja reina, pero todos fallidos
hasta el momento.
Es cierto que la abeja pudo haber tenido muchos errores en la forma en como dirigía a su
comunidad, pero nadie está excento de cometerlos. Al fin y al cabo, "somos todos
animalitos". Sin embargo, creo que el motivo real de conflicto fue que cuando la abeja reina
asumió el cargo, tuvo "lo que había que tener" para "cortar" definitivamente ciertos lazos que
dejaron gestiones anteriores. Fue la única que se atrevió a desvincular a animalitos que
estaban porque habían sido colocados políticamente o por meros amiguismos. Además,
porque dejó de alimentar a los saltamontes que ancestralmente venían sacando provecho de
los trabajos que, cual hormigas, realizaban con mucho esfuerzo los habítantes de la pequeña
aldea. Se podría decir que antes de realizar la siembra, la abeja reina, se encargó de limpiar
el terreno de la "mala hierba". Aún así, quedaron algunos, que decían estar a favor de su
causa pero que a espaldas trabajaban secretamente para el lobo feróz.
Y así, la situación de la pequeña aldea serrana se fue poniendo más y más oscura. Todo
estaba en ruinas, como si un huracán lo hubiese azotado todo.
El lobo estaba felíz, porque sentía que se acercaba el momento de deshacerse de la abeja
reina para siempre, creía que los días en su reinado estaban contados. Nunca descansó, sus
intentos no Cesaron nunca. Tal es así, que una de sus últimas jugadas pareciera que podría
llevarlo finalmente más cerca de sus "verdaderos propósitos".
Ahora todo dependerá de los habitantes de la cominidad. ¿Lograrán los animalitos quitarse la
venda de los ojos? ¿Podrán recuperar el criterio una vez perdido? ¿Serán capaces de distinguir
lo bueno de lo malo?
¿Estarán en condiciones de plantearse si los tiempos vividos realmente
fueron tan malos como para arriesgarse al desalmado reinado del lobo feróz? ¿Logrará la fruta
podrida hechar a perder al resto? ¿Cuál será el futuro de esta serrana colonia? ¿Podrá esta
aldea recuperar la paz y la felicidad?
Eso lo sabremos...en el próximo capítulo.